Ella baja del barco


Ára bajó del barco a través de una tarima de madera, y miró hacia el horizonte: era un hermoso día de otoño.

Caminó por la rambla, observando las casas bajas, las chimeneas de la antigua refinería saliendo del agua, e imaginó que aún largaban fuego y humo; pensó que aquel mundo fantástico se había hundido para siempre, y en que todo, por más impresionante, por más sólido que parezca, todo se terminaba confundiendo con el color óxido del río.
Bordeó la selva hasta llegar al canal de desagüe de la ciudad. Mientras comenzaba a bordearlo, el olor a cloaca le recordó su infancia y se vio de pequeña jugando entre aquellos juncos, gritando y corriendo. Entonces vino a su mente un sueño: llueve y truena, y el viento arrastra las gotas golpeándola; de fondo, entre las olas del río, las chimeneas largan fuego, y una voz, a lo lejos, le grita algo que no entiende.  
Caminó durante un tiempo, entre el caserío que se agolpaba contra el hilo de agua, hasta encontrar una casa: tenía las paredes y el techo de chapa, y estaba construida sobre el borde del lecho, casi a punto de caer. Al llegar a la puerta gritó hasta casi desgarrarse la garganta tres veces.

Porâsy abrió la puerta: su Porâsy, con los ojos grandes y verdes, el pelo cortado al hombro y una bata puesta. Pensó que estaba más vieja, que las pantuflas estaban muy embarradas y que se le empezaban a notar las patas de gallo. La saludó con un beso apasionado y una mano en el culo, apretando bien fuerte.
Esa noche cogieron y miraron la luna destrozada. Discutieron sobre la vida, y Ára dijo que lo de los libros terminaría, que no valía la pena seguir traficando, arriesgar la vida por eso si no había ideales que lo sostengan; Porâsy le que pidió que no se vuelva a ir, que se quede y ambas envejezcan juntas. Se durmieron tomadas de la mano, mientras los grillos y las bestias susurraban en la oscuridad de los matorrales.

El sol no había salido todavía cuando Ára se despertó. Salió de la casa y se tiró en el pasto para refrescarse. Sintió los pasos de la Hyaena Hyaena acercándose y vio sus ojos brillantes en la oscuridad.

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