Roger Waters se enamoró de una chica que limpia en Mar del Plata



-Roger Waters está acá en Mar del Plata, te lo juro boludo.
-Na, no te creo man.
-No seas navo, está acá, en lo de una amiga de mi vieja.
-¿Una amiga?
-Sí, una amiga, te juro. Bueno, es la chica que limpia en casa. ¿Querés conocerlo?
-Dale, Roger Waters está acá saliendo con una mina que limpia en tu casa y encima nadie se enteró.
-Te juro, ¿ves este disco? Se lo voy a dar a la chica esta para que lo firme Roger.
Juani me miraba con los ojos bien grandes, serio. Yo no le creía.
En esa época nos veíamos mucho. Yo me había ido a vivir a Mar del Plata y estaba laburando en un tenedor libre de la peatonal. Me gustaba la onda de la ciudad: el viento helado, las camperas grandes, las zapatillas de skater, el caminar cansino de todos, como de rapero, los fasos en la playa, las charlas de los surfers, cosas por el estilo.
Pero siempre terminaba volviendo al pueblo, a verlo a Gustavo que en ese entonces se la pasaba en el Club, un bar oscuro, tomando cerveza, fumando cigarrillos, diciendo que iba a poner una pista de sky con nieve artificial en Sierra de los Padres. Y yo que intentaba salvarlo, creo, o quizás trataba de salvarme a mí, y le hablaba y le decía que se busque un laburo, que la guita a mí ya no me daba para mantenerlo, pero él tosía y me decía que sí, que ya iba a buscar, pero que en el pueblo no había nada, que ahora mejor no.
Entonces mi vida pasaba por ese colectivo que era un puente entre mi viejo y Roger Waters, entre un tenedor libre y la pista de sky con nieve artificial en Sierra de los Padres.
Un día volví y Gustavo no estaba en el bar, y nadie sabía dónde andaba, pero en la casa seguro que no. Caminé por todo el pueblo, y al final lo encontré tirado cerca de la vía, entre los juncos, embarrado y demasiado borracho como para pararse, me dijo que había hablado con un amigo, que tenía la plata para la pista y yo le dije que sí, seguro, vamos que te llevo a casa, y el olor a mugre y vino que me dieron una o dos arcadas.
Juani entonces siempre me volvía a decir que Roger Waters estaba en Mar del Plata, pero yo nunca le seguía la corriente, quizás para no sentirme engañado, boludeado por él. Él había heredado una casa de una tía abuela, o algo por el estilo, y había decidido remodelarla toda él mismo.
Todos los días, a la salida del trabajo, íbamos a esa casa vieja, desecha, y barríamos, y clavábamos tejas y sacábamos más y más muebles repletos de polvo, y después nos tirábamos en el sillón y prendíamos uno o dos porros hasta que el aroma a marihuana dominaba al olor a humedad, a casa demasiado vieja, demasiado sin usar. Y a veces comprábamos wiski, e invitábamos amigas y amigos de Juani y bailábamos y saltábamos y nos dejábamos ir.
María tenía novio, y lo llevaba, pero sólo como un acto de crueldad, para vivir la adrenalina de saber que podía cogerse a Juani en el cuarto de arriba mientras el otro estaba en el living, tomando cerveza y mirando de reojo la puerta de la cocina, “¿por qué no vuelve?”, pensaría, y yo le sacaba charla, pero él lo intuía, aunque nunca hacía nada al respecto.
Una noche fui a tocarles la puerta, y me dejaron entrar, y ella me agarró a mí también, me bajó los pantalones y me la empezó a chupar, mientras Juani se la cogía por atrás, y abajo me imaginaba al novio, sin nadie que le saque charla, pero ella con sus ojos hechos fuego, y el pelo teñido de rubio, y la piel blanca, lechosa.
Un día lo llamé a Gustavo, le dije que no iba a volver, que me quedaba viviendo ahí, que no, que estaba decidido. Él se quedó en silencio, y yo le dije “bueno, chau”, sin que nadie conteste, y colgué.
Juani me dejó quedarme en la casa, aunque no tenía gas, ni agua, ni luz, y viví así algunos días, en noches de wiskey y porro y María lamiéndome las bolas mientras Juani se la cogía por atrás, hasta que me echaron del trabajo, por llegar tarde, o por no llegar, hasta que Juani se aburrió de la casa y la vendió.
Al final fui a su otra casa (la de su familia), y él se había ido a su cuarto, y yo estaba por irme a La Plata, a visitar a mi hermana. Me quedé recorriendo el living con la mirada: habían cuadros por todos lados, pintados por cientos de artistas, y un par de ceniceros de vidrios, y revistas de arte, y un sillón con un gato encima, y un reloj viejo sobre la chimenea. Recorriendo con la vista pensé en Gustavo y Sierra de los Padres, la nieve artificial volando, cayendo sobre nosotros, todos nosotros, y todo tan fácil, ¿Por qué no?
Entonces vi que colgado en una pared había un cuadro de Pink Floyd, con el triangulo y el arcoíris, y la firma de Roger Waters garabateada con una fibra gris.

Nunca más lo vi a Juani, pero después heredó otra casa y esa la hizo Hostel, y viajó por el mundo, o al menos eso dice su Facebook. Quizás haya visto a Roger Waters en Mar del Plata, quizás Roger realmente estuvo en Mar del Plata, enamorado de una chica que limpia. 


······ Antes - Antes - Antes - Ahora - Después ······

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