La vida que viviste ahí detrás de mí tela



Y cuando estabas en el aula no te vi, pero vos sí, me viste, presentiste algo capaz, o era solo el “quiero estar con el profe”, pero vos seguiste ahí, por detrás de toda esa tela que yo creía que era mi realidad, vos estabas mirándome por Facebook o en tus sueños, un yo que creaste en tu mente durante meses, muchos meses hasta que finalmente el yo real se encontró con tu mente y tus sueños y una charla fríamente calculada que yo creía casual sobre Okupas sacó de encima de mi mente esa tela que todo el tiempo creía real, y poco a poco pude verte, ahí detrás, ahora mirándome a los ojos,  tan real, con tu piel blanca, suave, tan suave, y vos enseñándome sobre la vida, la vida que viviste ahí detrás de mí tela, de tus trabajos y tus exnovios y tus excesos y tus duelos, y yo que te observaba ahora tan de cerca que podía sentir la tibieza de tu aliento pegándome en la cara, y así nos fuimos enlazando poco a poco, las piernas así, no, así es más cómodo, y mi brazo abajo tuyo que se duerme, muere, y yo mientras sonrío y te miro a los ojos, las pestañas largas y los cachetes enrojecidos, y tus gemidos para comunicarte, esto significa caricias, esto significa estoy triste, este significa abrazame, y así me fui empezando a reconocer todo eso que no decías, pero a veces me daba cuenta que habían muchas cosas que no me decías, que dentro tuyo hay tanto tanto para conocer, y siento que sos inmensa, gigante, y yo tan pequeño, ahí abrazándote la canilla, pidiendo  que me alces y me retes, me digas que ponerme y que no, y te enojes conmigo porque miro mucho el celular, ¿para qué miro tanto el celular? Y yo que no paro, vuelvo a ponerme la tela en la cabeza por momentos, y vos la levantas y entrás conmigo, y chocamos nuestras narices, y me gritas, me obligás a que ambos salgamos de ahí de nuevo, y otra vez los gemidos, las caricias, y un ciclo tras otro, pero voy aprendiendo, a ser mejor persona, que lo que vos me enseñas, lo que siempre quiero que me enseñes, y a veces vos pensás que yo soy tanto, tanto que me sorprende que no te des cuenta de que vos sos gigante, y yo estoy ahí abrazandote la canilla, sintiendo los músculos de tus pies hasta que te da cosquillas, y sonreís, con esos dientes blancos, hermosos, y yo quiero esos dientes, quiero esa boca y esa risa, quiero consumirla, que quede adentro mío, y que nos quedemos para siempre ahí tirados, en esa cama bien tendida, tirante, con el gato que camina sobre nosotros ronroneando, pisándonos, hasta que vos lo dejes entrar, y seamos una familia extraña, esa familia que pensamos siempre en ser, mientras afuera llueve, y el mundo se cae a pedazos.

Entradas populares