Billetera



La billetera, ¿dónde dejé la billetera?
Vuelvo en la bici sobre mis pasos, y los autos que pasan más y más fuerte, malditos autos que van y vienen abajo del sol, con este cemento que quema, que encandila, y la billetera, ¿la traje o me la olvide en casa? Y se me hace tarde para el trabajo, seguro me la olvide. Pero si me la olvide, ¿por qué me toco el bolsillo de atrás de los pantalones achupinados que me hizo comprar Seba? Este bolsillo es más chico que los bolsillos del jean que siempre uso, y por eso capaz se cayó, por esa voluntad automática e inconciente de meter la puta billetera en el bolsillo de atrás, y encima en la bici...
Pedaleo hasta el trabajo y ato la bicicleta y vuelvo a tantearme el bolsillo, ¿me la olvide o la perdí?
Subo por el ascensor con una chica morocha que me mira, y yo la miro, y apreto el 3, y ella me mira un rato más, y aprieta el 5, y "uh, perdón", le digo, imbécil.
Pero cuando llego tengo que ponerme a armar agendas, la del ascensor, la de la caretelera de abajo y de arriba y de todos lados, porque sino quedan atrasadas, mostrando los eventos que ya fueron, y no los que van a ser, invisibles, inexistentes a menos que los meta en un archivo y los imprima. Seba me habla sin dejar de mirar su computadora, y me pregunta por el recital, y yo contesto vagamente, y pienso en ella, mi billetera, y mi cuenta vacía, sin nada: 0,70, dice el resumen.
Bajo otra vez, y voy a pedir que me depositen la plata del sueldo, pero no me acuerdo el número de expediente, entonces vuelvo a subir, y agarro la cinta y las agendas y bajo otra vez a pegar, una ahí, otra ahí, y los estudiantes mientras pasan, pasan a mi alrededor sin mirar las agendas, sin saber qué va a pasar, qué evento va a venir, qué evento existe siquiera, y yo me veo ahí, pelado y con una camisa a cuadros ridícula, y me río y me odio un poco; me veo cortando la cinta scotch gigante, que se me pega a una de las agendas y tengo q sacarla con cuidado para que no se rompa el papel y no tenga que subir otra vez y bajar otra vez y la billetera, ¿me la olvidé o la perdí?
Cuando subo me fijo en el Facebook si alguien me escribió, pero no hay nadie. Entonces empiezo a imaginar a la persona que la encontró, la imagino buscándome en Facebook para decirme que la tiene, pero también la imagino revisandola, revisando cada uno de los compartimientos que tiene pero que no sirven de nada porque nunca los uso, billetera austera, sin plata, de cuero y en buen estado, pero a su vez horrible, como toda billetera. Y si la revisan van a encontrar un papel con una clave, y van a creer que pueden sacar algo, pero... Encima es el cybermonday, o el black friday, o el que se yo, y todo esta con descuento en todos lados, el país entero esta de oferta, pero en cuotas, las famosas doce cuotas, y yo veo en los anuncios los precios, lindos precios con lindos números para lindos productos que no puedo comprarme, ni tampoco quiero, aunque un poco sí, pero no tanto como para, ¿y mi billetera?
Entonces me escapo del trabajo y corro hasta mi casa, y en el medio veo arboles, y autos, y gente y filas de gente por todos lados, y pienso en los trámites, todos los trámites y me viene  a la mente la imagen de un balde que se rebalsa, y nadie apaga la canilla, ¿porqué nadie la apagaría? porque ahora es así para siempre, ahora es ahora, es ahora, y hay que vivir en el presente, no más allá, pero ¿mi billetera? ¿vive en mi presente? ¿en mi futuro? Creo que vivió en mi pasado, pero no me acuerdo que pasó con ella después del recital, al recital seguro la lleve, pero, ¿y después?
Entro a mi casa, agitado, con calor, y doy vueltas, y reviso, pero yo no sé buscar, no como mi madre, ella sabe buscar, y siempre me dice "vos no sabés buscar", y no, no sé, pero ella no está acá para ayudarme. Doy vueltas por todos lados, levanto los papeles, reviso las cajas de la mudanza, me paro en el medio del living, pienso en llorar, ¿debería llorar? pero no puedo, no puedo gritar, ni pegarle a nada tampoco, ¿necesito gritar o pegarle a algo? Y la billetera, no aparece, no, no, no está, no la encuentro.
Entonces llamo, llamo a todos los teléfonos de las 3 tarjetas de débito que tenía, y primero llamo a la de mi viejo, porque esa es la única con plata, porque es la única que sirve, mi rueda de auxilio, mi viejo cordón umbilical que me guardé en un compartimiento por si acaso, vaya uno a saber, si en el futuro fracaso totalmente, y me quedo sin casa, sin trabajo y amigos, pero todavía tengo la tarjeta de papá. Entonces llamo y apreto 1, 2, 4, 4353515, #, y ahí la musiquita, y listo, sí, quiero bloquear la tarjeta. Cuelgo y llamo a papá, ya está, bloquee la tarjeta, pero él no me reta, y claro, ya soy grande, independiente, maduro, y tengo trabajo y tengo amigos, y otras tarjetas, sin plata, con 0.70, y nada.
Vuelvo en la bici al trabajo, vuelvo volando como cuando era nene y volaba en mi bici por las calles del pueblo, y pensaba en boludeces, porque en eso piensa un nene, en boludeces, y no en si se olvido la billetera o la perdió, y mirá si ahora aparece y ya cancelé las tarjetas, y cómo le voy a pasar la guita a mi hermana, y cómo voy a pagar las cuentas, y cómo voy a cenar esta noche, y nosé, de alguna forma, todo se va a solucionar. Voy en la bici, voy, voy hasta que vuelo, en serio, vuelo, y pienso en ese aslfalto, caliente, gris, que se acerca a mi cara cada vez más, hasta destruirme, en el silencio hermoso de un día primaveral.

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